El revestimiento de las paredes y la decoración

A la hora de conseguir una decoración más personal y única, el revestimiento de las paredes juega un papel fundamental. Por este motivo, consultar un catálogo de frisos para paredes puede ser una buena idea a la hora de llevar a cabo una reforma o decorar un espacio, y esto es algo que muchas veces pasa inadvertido.

La ventaja de tener en cuenta las paredes para integrarlas en la decoración es esencial pues marca la diferencia entre un estilo en serie y uno totalmente original y con personalidad. En este sentido, comprar revestimientos para paredes es la mejor opción. Con ello no solo se está consiguiendo ese toque diferente, sino también hacer más acogedor el lugar.

En cuanto a los frisos, la variedad es inmensa, los hay blancos, de madera maciza, de MDF de PVC o de Composite, y tienen la ventaja añadida de servir para ocultar humedades, manchas, rozaduras y desperfectos que afearían la impresión final de la estancia o vivienda. Además, contribuyen a reforzar el aislamiento acústico y térmico, por lo que todo son ventajas.

Cómo decorar con frisos

Decorar con frisos o revestimientos cumple diferentes funciones, y no todas son estéticas. Además de ser elementos de decoración que pueden transformar una estancia y de aislar el interior de la misma evitando así posibles pérdidas de calor, los frisos ocultan los posibles desperfectos que pudiera haber en las paredes. Ahora bien, a la hora de elegir un friso, hay que tener en cuenta lo que ya se adelantaba en párrafos anteriores, y es que existen un montón de materiales que pueden encajar con la decoración y el estilo que se pretenda dar al hogar. No obstante, de todos ellos, los frisos de madera son capaces de aportar una gran calidez a los ambientes.

Este tipo de revestimiento se compone normalmente de lamas machihembradas que se encajan unas en otras y que se utilizan para revestir paredes y también techos. Hay un montón de acabados: de madera natural sin tratar, pintados, barnizados o teñidos, según el acabado que se prefiera. Los de madera sin tratar tienen una textura rugosa y no llevan ningún producto. Muestran las vetas y los nudos y son perfectos para ambientes rústicos y casas camperas, aunque conviene aplicarles un tratamiento que proteja la madera. Suelen ser de madera de pino. Tienen la ventaja de que después se pueden pintar como más guste, o simplemente dejarlo tal cual.

También están los barnizados, que llevan una capa de barniz que les da una textura lisa y suave; los pintados en el color que se elija, o los teñidos, que suelen imitar a otros tipos de madera nobles, como por ejemplo el roble. Este es un aspecto que se ha de tener muy claro a la hora de instalar un friso. También se ha de tener en cuenta si se quiere instalar a media altura o a altura completa. Todo depende de para qué se quiere utilizar este recurso decorativo y qué imagen final se quiere dar a la estancia elegida para ello. Por ejemplo, un dormitorio con un revestimiento hasta el techo en madera de color blanco aporta elegancia y confort, y sirve tanto para la habitación de los más pequeños de la casa, como para el dormitorio principal.

Por otra parte, los frisos hasta a media altura también dan su toque especial a pasillos y habitaciones. Tan solo es importante que la altura del techo no sea excesivamente escasa, ya que un friso a media altura en una habitación de techo bajo puede hacer que parezca más baja todavía y en lugar de aportar calidez y distinción acabaría por arruinar su poder estético.

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